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Colegiales del mundo

Un debate muy propio del mundo occidental y su contrapartida

Centros educativos, sea por exigencia del Ministerio de Educación o por decisión propia, abogan por el uso de uniformes alegando criterios económicos o sociales, al señalar que reducen la exigencia en los niños de tener disponible una mayor variedad de prendas de vestir y de prestarse a competencias por mostrar la ropa de marca en detrimento de los que tienen menos posibles.

Sin embargo, los uniformes escolares tienen también sus detractores. Sostienen que, desde el punto de vista psicológico expresa la expectativa por parte de la institución de que el niño renuncie a su individualidad.

Dorothy Behling de la Universidad Bowling Green hizo una investigación mostrando fotografías de personas con prendas diversas ocultando las caras. Concluyó que tanto profesores como alumnos creían que los estudiantes uniformados tenían mejores logros y se portaban mejor que quienes no usaban uniformes, The halo effect of school uniforms, se trataba pues de una consecuencia de la percepción.

Mientras, muchos niños andan locos por los uniformes

Para los niños de los países pobres conseguir un uniforme es un logro y un orgullo, ya que su guardarropa está vacío. Misioneros, ONGs, instituciones solidarias, se afanan por vestir de una manera sencilla y limpia a los pequeños que llenaran a rebosar sus aulas o chamizos.  _uniformes_6_burkina_faso_jb76

Un pantalón corto y una camiseta de un solo color suele ser la manera más económica de resolver el problema para estas organizaciones que trabajan en los cinco continentes y en los campos de refugiados.

Pero esta iniciativa fracasa en las zonas donde el Islam se impone drásticamente.

Y hay niñas que se visten de invisibles

Aunque ataviadas con prendas incómodas y cubiertas casi totalmente, pueden considerarse afortunadas las niñas que desafiando tradiciones y leyes obtusas acuden a una escuela en los países donde El Islam adopta su implantación más restrictiva.

Pese a las denuncias de Amnistía Internacional, las informaciones del Observatorio Sirio de Derechos Humanos y medios de comunicación internacionales indican también que, en escuelas en la región de Idlib, Estado Islámico, se obliga a las niñas a vestir según los códigos más estrictos y presionan a las autoridades para separar a niños y niñas en las aulas. Lo mismo sucede en muchas zonas de Irak, sin obviar lo que acontece en los territorios conquistados por el EI, donde se estudia sólo El Corán.

Para los colegiales, Hollywood está en Japón

Los uniformes escolares japoneses, seifuku,  especialmente los de los institutos de secundaria, han dado la vuelta al mundo de la mano del manga y del anime. Definen un estilo netamente japonés que puede llegar a ser hasta kawaii, bonito.

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Los más tradicionales son el gakuran para ellos y el sailor fuku o estilo marinero para ellas.

El uniforme es vital en la vida de los jóvenes que, muy a menudo, eligen el colegio o instituto de acuerdo al atuendo que se lleva.

El gakuran es una chaqueta oscura, normalmente negra, de cuello mao con botones dorados y que a veces suele llevar pins o emblemas de la escuela. Tradicionalmente se acompaña de una gorra, aunque es cada vez menos popular.

Muy extendido es el uso del sailor fuku o estilo marinero de las chicas. Suelen confeccionarse en diferentes gamas de azul, gris, negro y hasta verde o con faldas de cuadros escoceses. Para marcar la diferencia entre uno y otro colegio optan por grandes lazadas en el cuello en distintos tejidos, colores y estilos. Estos uniformes se diseñaron basándose en la moda militar y naval europea, especialmente británica, hace casi cien años, pero poco a poco han evolucionado hasta el punto de convertirse en un icono para los colegiales de todo el mundo.

Es indiscutible que los uniformes escolares son parte de la cultura japonesa. Su difusión contribuye directamente a su éxito. A su vez, los escolares toman nota de los uniformes estilizados de Sailor Moon o Cardcaptor Sakura. También se copian parte del look de las conocidas Gals, totalmente reconocibles por los famosos loosers, calcetines largos y caídos.

Carmen Orús

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